10/8/09

(Triste belleza)

Allí estaba sentada, sola. Llevaba los cascos de música y miraba a través la ventana del tranvía, a la calle. Sus ojos se perdían en la nada, estaban vacíos. La expresión de su rostro era de una tristeza tan profunda que parecía robarle el alma y, aún así, era la chica más bonita que había visto nunca.

Es la única persona en la que me fijé aquel día. La única a la que me atreví a observar descaradamente, convencida de que no le importaba lo que ocurría a su alrededor y de que ni siquiera había reparado en mi presencia al fondo del vagón. Observaba su respiración pausada, al compás del pestañeo de sus ojos, inundados de un llanto seco. Parecían tan cansados…

No pude evitar sentir empatía y curiosidad. (Quizá compartamos preocupaciones o problemas sin saberlo... Quizá su pena es sólo fruto del agotamiento...O quizá el misterio que desprende está ocultando algún momento horrible de su vida…)

Pensaba en acercarme a hablar con ella, en preguntarle si le ocurría algo. Estaba segura de que podría ayudarla o, al menos, escucharla... Pero no lo hice.

El tranvía paró y las puertas se abrieron. Ella seguía sin inmutarse, absorbida por sus pensamientos. (¿Tendrá un lugar al que ir…?). En ese instante un chico alto, atractivo, pasó por su lado y sonrió al verla. Se acercó y puso una mano en su hombro. Lentamente ella le miró a los ojos, sin cambiar la expresión de su rostro y sin decir una palabra. Una lágrima resbaló por su mejilla. Él se agachó y la abrazó en silencio.


(Por lo menos ella tiene a alguien…)

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